Gobierno del Estado de Baja California SurInstituto Sudcaliforniano de Cultura
El Desierto Jubiloso

El Desierto Jubiloso

Autores
JORGE RUIZ DUEÑAS
ISBN
978-607-9314-16-3
Año
2013
Edición
2
Número de páginas
42
Número de ejemplares
500
Palabras clave
DESIERTO, JUBILOSO

Contenido

Los paisajes cambian día con día. Pero los paisajes desérticos que han representado en la imaginería nacional el norte mexicano, han cambiado poco si uno se atiene a lo que relatan novelas, poemas, películas y canciones. Posiblemente la influencia marcada del Idilio Salvaje de Manuel José Othón sea la causante de una imagen de aridez y sol intenso que ha persistido, inconmovible, hasta nuestros días. O tal vez la cultura mexicana siempre ha necesitado contar con una tierra baldía a la Eliot, situada en el norte lejano, donde la sabiduría reina más allá de todo conocimiento. Pensemos en don Juan, el chamán yaqui de los relatos de Carlos Castaneda, o en Antonin Artaud, el converso francés a los rituales tarahumaras. El desierto engendra sus propios mesías. Nadie puede, sin embargo, adjudicarse la inocencia absoluta en la fundamentación del mito de los desiertos del norte. Todos somos cómplices, de una y otra manera, en preservar o ampliar la epopeya de la arena cuando el norte se vuelve punto de referencia de la creación artística y el desierto aparece como escenografía esencial para novelistas y fotógrafos, telón de fondo para bailarines y dramaturgos, materia prima para poetas y pintores. Al monótono desierto, como lo llamara Guillermo Sheridan en Frontera norte y otros extremos (1988), "le corresponde un abanico de emociones que, en su diversidad, son absolutamente homogéneas': En la actualidad, el desierto se ha vuelto un espacio conquistado por la marcha triunfante de la civilización; un territorio indómito, al estilo del viejo oeste norteamericano, que los norteños consideran ya domesticado. Así, la fuerza del desierto ha pasado intacta a los pioneros que lo conquistaron y que son nuestros antepasados. De ahí que aun hoy consideremos a este ecosistema en retirada ante el asfalto urbano el escenario de nuestro mito de fundación. Y por ello, este mito sigue siendo utilizado, una y otra vez, para el canto épico, la novela total o la obra de teatro histórica. Los desiertos del norte dan para eso y más, porque representan la metáfora perfecta de la lucidez y el delirio, la imagen arquetípica del tiempo que pasa y que erosiona nuestros suelos y quimeras con el peso de su luz implacable y absoluta. En el caso de la península de Baja California, rodeada por un mar cortés y un océano pacífico, lo que impera es, como lo dijera el poeta Raúl Antonio Cota, la estética del mar y del desierto, la simplicidad de un horizonte desolado que se continúa en la transparencia marítima de sus costas. Aquí el creador puede volverse gambusina y pirata, nómada y marinero de aguas tranquilas, pintura rupestre y coyote alado. La lección chamánica vuelta palabra y amuleto, transformada en canto y poesía, como ocurre en la obra de uno de sus hijos adoptados, el poeta Jorge Ruiz Dueñas, el "emisario de las raíces mágicas'; el "memorioso guía de cuevas y petroglifos'; que ha conjurado los ritos de la arena en el molde de su imaginación creadora.

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